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Coronavirus: Historias con final feliz gracias a la donación de plasma hiperinmune

Coronavirus: Historias con final feliz gracias a la donación de plasma hiperinmune

Por Silvana Vincenti

Llegaron a sus casas el mismo día y a la misma hora, tras casi un mes entre las paredes de hospitales y clínicas.

Carlos Mauricio Égüez Simone (38), más conocido como ‘Charly’, y Rosa María Ticona (52) no son los mismos de antes.

Él es reportero de la Red Uno, acostumbrado a contar historias, no a ser protagonista; le tocó vivir en carne viva la dificultad respiratoria y ver morir gente a su alrededor. Ella es funcionaria administrativa de la Caja Nacional de Salud (CNS), llegó a ser intubada, forma parte de los bajos porcentajes que sobreviven a la intubación.

A los dos les aplicaron el tratamiento de plasma hiperinmune. A ‘Charly’ le pusieron dos dosis, donadas por Pedro Zurita, a quien está eternamente agradecido. La tercera dosis sobrante decidió dedicarla a alguien que necesite.

Rosa María espera sentirse mejor para agradecer a la persona que la rescató con su plasma. Al principio no reaccionaba al tratamiento, incluso los médicos pensaron que no pasaría de una de esas noches de internación, pero finalmente sus ganas de vivir se impusieron.

  La dura experiencia

En mi profesión he visto todo tipo de muertos, de todo, es difícil sorprenderse, pero es diferente escuchar cómo una persona muere a tu lado, son cosas que quedan para toda la vida. Y luego lo único que ves son sus cuerpos pasando dentro de una bolsa negra. He visto morir como dos o tres pacientes”, recuerda ‘Charly’.

Vivió en primera persona el suplicio de no encontrar dónde internarse cuando empezó a tener problemas respiratorios, “todo eso me marcó. Siento que Dios me ha puesto un propósito, no sé cuál será aún. Ver cómo se va gente tan joven. Hubo una chica de 18 años que hasta jugaba con las enfermeras y hablaba con el doctor y después no aguantó una crisis de tos”, detalla.

Con desesperación buscó auxilio en la Caja Petrolera, en las clínicas Incor, Foianini, Niño Jesús, San Rafael, en los hospitales San Juan de Dios y Japonés, pero apenas había un lugar en el hospital municipal de Los Pocitos, donde dice que ni siquiera le pusieron oxígeno. Agradece a su canal de televisión, sobre todo el responsable de recursos humanos, “es un tipazo, se movió hasta que me consiguió una cama en la clínica Nuclear”, valora.

Después de lo ocurrido, ‘Charly’ se saca el sombrero ante los médicos, “son para valorarlos, están luchando y enfermándose, necesitan muchos equipos. Las licenciadas en enfermería cómo me cuidaban, son quienes están en primera línea”, resalta.

Estuvo cinco días en cuidados intermedios, perdido en el tiempo, preguntando la fecha y la hora, mirando al techo y pensando que podía morir. “Obvio que se cruza esa idea”, confiesa.

Salió de la clínica piel y huesos, con el estómago morado por los pinchazos para prevenir coágulos. Le cuesta entender por qué siendo ciclista y corredor su cuadro se complicó tanto. Pero al no tener respuestas, se conforma con recordar el día en que dejó la clínica, la alegría de los médicos y enfermeras, de su familia por el retorno.

“Mis piernas son unos huesitos, me recomendaron caminar para recuperar musculatura, pero hasta ir al baño me agota”, cuenta. Por ahora, su preocupación es su suegra, que es como su madre, está empezando a perder el sentido del gusto y del olfato. Su cuñada está afectada y su pareja ya se está recuperando. Su mayor culpa, que su suegra se complique porque siente que él llevó el virus a casa.

Pide a la gente que use el barbijo todo el tiempo. Reconoce que él se lo quitaba incluso en reuniones laborales, a pesar de que había entrevistado a gente enferma, como el alcalde de Montero, y había compartido con colegas positivos, como Marco Montero. “Por favor no se confíen”, aconseja.

Una frase recurrente en él es: “No sé de dónde saqué fuerzas”. Pero también reconoce que cada día, al salir para trabajar, se encomendaba a Dios.

pacientes recuperados covid bolivia

Lo de Rosa María es un milagro. No le daban mucha esperanza, sus pulmones estaban muy afectados, fue intubada, tuvo que preguntar cuántos días permaneció inconsciente cuando despertó. No respondía al plasma al comienzo, inesperadamente su cuerpo empezó a reaccionar.

“Al comienzo me asusté mucho porque veía a mi lado muchos pacientes, pensé en mis hijos. Es lo último que recuerdo hasta que desperté hace una semana. Mi hija me dice que estuve 14 días intubada, varios de mis compañeros de la CNS me dijeron que son pocos los intubados que logran sobrevivir. Ésa era la desesperación de mi hija, ella estuvo detrás de los médicos para que me colaboren, salí adelante y todavía me tienen recuperándome”, recuerda.

A Rosa le contaron que la intubación no daba resultado, ni la medicación, y entonces le sugirieron a su hija que consiga plasma. Valora la labor de los médicos, “el trabajo que hacen es heroico”, sostiene.

Temía haber contagiado a sus hijos, pero está tranquila porque ellos están bien, a pesar de que la casa en la que comparten la vida es pequeña.

Se siente bendecida, y como ‘Charly’, no permitirá que el trance sea en vano. No dejaba de pensar en las cosas que no había hecho, como dedicar más tiempo a mis hijos. En adelante mi vida cambiará, mi tiempo será de ellos”, dice agradecida con la oportunidad de estar otra vez arropada por los suyos.

Fotos: Rosa María Ticona con sus nietos e hijos

 

FUENTE: EL DEBER

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