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Recolectores de basura: las calles desiertas visibilizaron su trabajo

Recolectores de basura: las calles desiertas visibilizaron su trabajo

Fotos: Jorge Ibáñez/Fuad Landívar

“Se puede decir que la ciudad es nuestra”, dice Juan Carlos Pomacusi (36), conductor de uno de los 60 camiones que recogen la basura en la capital cruceña.

Trabaja desde hace cinco años en Vega Solvi, por las noches, en el recorrido de la doble vía a La Guardia, entre quinto y sexto anillo. Y mientras hay gente que le tiene pena por el riesgo que corre al salir a las calles, él, como varios de sus colegas, encuentra el lado positivo a la cuarentena.

Está ‘chocho’ al no tener que lidiar con el tráfico, los borrachos, los autos parqueados en doble fila y los gritos de impaciencia por detenerse a compactar la basura. De trabajar 12 horas día por medio, pasó al tiempo récord, acabar la jornada en cinco o siete horas.

Es papá soltero de tres, un varón de 14 años y dos mujercitas de 12 y 6 años; su madre, con quien vive, le ayuda a atenderlos. Entró a la empresa por su hermano, que le avisó; antes era chofer de micro, “prefiero esto porque tengo un sueldo fijo”, dice.

Pomacusi asegura que teme al coronavirus, pero cree que toma los cuidados suficientes, hoy más que antes. “Ahora todo está más controlado, no se puede andar sin barbijo, hay más higiene, etc.”, dice.

Se enteró de que la gente está apreciando su trabajo, a través de las redes sociales y las noticias, incluso a veces les regalan Bs 20 o 10. Es cuando aprovecha la palestra para hacer un pedido: “Lo que menos me gusta es que en general no nos valoran, muchos nos tratan mal por parar o porque tumbamos basura. Hay poca gente generosa, nos dicen groserías”, lamenta.

Tiene lo que considera un buen trabajo, pero en cada recorrido observa su entorno, “creo que con la cuarentena lo que más está afectando a la gente es el hambre”, opina.

Sofía Vargas (42) también es mamá soltera de cinco chicos, de 24, 19, 17, 7 y 2 años. Su trabajo es el lavado de mercados y todo tipo de centros de abastecimiento, está en Vega Solvi desde hace cinco años. Para salir a trabajar en paz, cuenta con la ayuda de los hijos mayores que cuidan a los pequeños.

Confiesa un poco de temor al virus por su ‘surrapo’, pero, igual que Pomacusi, cree que cumple con las medidas de protección. “Incluso el de seguridad me dio desinfectante para ponerme antes de entrar a mi casa”, dice.

Al principio, cuando su hermana le sugirió, no quería trabajar con la basura porque le daba asco, pero probó suerte y vio que le pagaban a tiempo, y con eso cumplió un sueño, su casa propia en el barrio El Recreo. “Me hice de mi casita, tengo seguro médico, aguinaldo, prima, estoy a gusto”, dice la también integrante del sindicato.

Sofía cree que ellos, los de limpieza, a veces están mejor protegidos que el resto de la gente. “Son ellos los que no tienen cuidado, por eso antes de recoger todo siempre echo desinfectante; les pido que por lo menos amarren bien las bolsas. Por suerte nunca me he lastimado”, agradece.

Elfy Rojas (56) está desde el inicio de operaciones de la empresa, hace ocho años, trabaja en el sector de barrido. Es madre, abuela, esposa, pero también pilar de la casa. Su compañero de vida tiene problemas renales y se vio obligado a abandonar sus funciones como guardia de seguridad para dializarse, con ayuda de Davosan, varias veces a la semana.

“Estoy contenta con este trabajo, pero no niego que siento algo de miedo por el virus debido a que tengo una persona con delicado estado de salud en casa y una nieta de nueve años a cargo mío”, confiesa. Con suerte y persistencia, su hija de 24 años se convertirá en egresada de Medicina.

Albert Vargas (47) es chofer de recolección desde hace seis años. Su recorrido se enfoca en el centro de la ciudad, que antes le tomaba cuatro horas y media, y que ahora se reduce a una por la cuarentena. Está casado y tiene cuatro hijos, de 20, 17, 10 y 4 años, dice que solo se acuerda de preocuparse por el coronavirus cuando sus hijos le vienen a la mente.

Está informado de que la ciudadanía valora más lo que hacen él y sus compañeros de turno. “Nos alcanzan una botella de agua, antes no, antes se preocupaban por ellos mismos. Me gusta mi trabajo, es digno, lo único que pedimos es que no pongan las jeringas, botellas rotas como sea, y que embolsen bien para que los ayudantes no se corten. He visto ya varios casos”, exhorta.

Rodrigo Eduardo Blanco Loayza (27) es recolector de basura, de los que hacen mucho ejercicio corriendo y recogiendo las bolsas. Nació en La Paz, se vino a Santa Cruz hace cinco años para ser policía, pero por diversas circunstancias no se dio. Ahora vive solo en un cuarto en alquiler.

Hace seis meses que está en Vega Solvi. Dice que no se siente mal por trabajar recogiendo basura, pero reconoce que en algún momento se ha sentido discriminado. Cree que peor es no tener trabajo, por 12 años tuvo ingresos esporádicos, hizo de albañil, gendarme municipal, mototaxista, mecánico, etc.

Varias veces se ha lastimado recogiendo la basura, “me corté y pinché con varios objetos, me ha pasado como cuatro veces, el Estado debería educar mejor a la gente, no trabaja mucho el tema de la prevención”, lamenta. Su diario desafío, cada vez que le toca un encuentro cercano con larvas y comida podrida.

A pesar de la estabilidad laboral, en algún momento quiere acabar la carrera de Derecho que empezó en la UMSA, cree que será la única manera de ser escuchado para trabajar por un mejor país.

Tiene un inconveniente con la cuarentena, al vivir solo, apenas encuentra tiempo para hacer sus propias cosas en un solo día de media jornada, cuando su cédula de identidad le permite ir a la farmacia y al mercado.

Carmelo Solano es el supervisor del turno noche. A su cargo tiene 250 personas. Destaca las condiciones de bioseguridad que se implementan en la empresa. “Sabemos que cada supervisor, recolector, conductor, incluso cada administrativo, tiene una familia detrás, entonces sabemos que estamos corriendo un riesgo grande, pero también que aportamos mucho para la ciudadanía”, sostiene.

Explica que los horarios de trabajo se han reducido mucho en la cuarentena, “trabajamos cinco a seis horas, siete, abarcando el 100%. Antes era un caos, sobre todo los jueves, viernes y sábado, con el tema del tráfico y la gente que parquea mal sus vehículos, a veces nuestro personal se baja y toca la puerta y nos ganamos una tratada. Con la cuarentena la ciudadanía está más consciente de nuestro trabajo y de que nosotros servimos al pueblo, a la ciudad; antes de eso creo que no. Antes ver un camión basurero era bajar y denigrar a la gente por el mismo hecho del trabajo que se hacía. Ahora los que damos este servicio estamos más valorados, lo hemos visto, en algunos barrios mucha gente llama y felicita, tenemos un call center”, cuenta. Solo lamenta que muchos de los funcionarios hubieran sido asaltados y golpeados cuando regresan a sus casas.

El gerente de Operaciones de Vega Solvi, Joao Paulo Mota, enfatiza en las condiciones de bioseguridad con las que se trabaja, sobre todo el equipo de patológico, o recojo de residuos hospitalarios, a quienes además de su overol habitual se les ha dotado de un overol (encima) que se desecha a diario; también usan gafas, máscaras y guantes.

Dice que para entrar y salir de la empresa los empleados de Vega Solvi tienen que pasar sus zapatos por cal hidratada, pasar por las duchas de desinfección, someterse a mediciones de temperatura corporal. “También les damos condiciones de transporte, los llevamos y los traemos en micros que los recogen de sus casas, todos sentados, y la mayoría es de la zona del Plan Tres Mil”, explica.

Igual que los trabajadores, vuelve a hacer el pedido a los vecinos: “Por favor, aten bien sus bolsas, separen los barbijos y guantes del resto de la basura, por la seguridad de nuestros trabajadores”. Precisamente por situaciones de heridas tienen médico las 24 horas.

Mota afirma que, siguiendo los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud, Vega Solvi ha mandado a casa a los trabajadores que conforman grupos de riesgo, como los mayores de 60 años y con enfermedades de base, como la diabetes.

“Vega tiene una baja rotación de personal, el 30% de los funcionarios, principalmente las personas de barrido, tienen ocho años trabajando acá, esa es la edad de la empresa en Bolivia”, sostiene. Mota cree que los empleados no se sienten mal por tener que ver con desechos.

“Entendemos que nuestros 1.500 empleados son extremadamente importantes para la sociedad, para mantener la ciudad limpia porque la basura es un tema de salud pública. Nuestro rubro no es tan reconocido, a pesar de que hay toda una ingeniería, planificación, cuentas, etc. Les pasamos la idea de que son agentes del medioambiente, personas que trabajan para mantener la ciudad limpia, uno no se da cuenta, pero es todo un trabajo para la salud pública y el medioambiente, porque si no se recoge y se trata bien la basura, puede ser vector de moscas, ratones y de muchas enfermedades”, asegura.

Mota sabe que la gente está siendo más apreciada. “Ellos se sienten bien y me lo dicen, se sienten como héroes, son personas metedoras”, resalta.

Efecto cuarentena

Los datos de Vega Solvi dicen que durante la medida preventiva la basura ha disminuido un 25% debido a que los restaurantes y mercados han bajado bastante sus desechos. “Calculamos que las personas están consumiendo menos. En Los Pozos, La Ramada, Abasto nuevo y antiguo, que tradicionalmente generan mucha basura, han bajado, igual que en centros comerciales como Ventura y Las Brisas. Lo mismo ocurre en los 98 mercados públicos, privados y mixtos, de todo tamaño, de Santa Cruz”, agrega Mota.

El jefe de Operaciones también valora que, al estar vacías las calles, trabajan tranquilos, “no hay accidentes ni borrachos en las calles que dañan a nuestros trabajadores, como ya ha sucedido, ni los que insultan con malas palabras. La población nos está respetando mucho ahora“, aplaude.

Foto: Juan Carlos Pomacusi, uno de los choferes

Foto: Rodrigo Eduardo Blanco, recolector de residuos

Foto: Pisar cal hidratada es una medida de protección

Foto: Los funcionarios pasan por las duchas desinfectantes

Foto: Los micros son fumigados para proteger al personal

Foto: Cargan desinfectante para cuidarse

Foto: Sofía Vargas trabaja en lavado de mercados

Foto: El personal de residuos hospitalarios duplica medidas de bioprotección

En el video, vecinos de San Aurelio muestran su aprecio a los recolectores de residuos sólidos. Hicieron una colecta en seis calles para ayudarlos

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